martes, 23 de abril de 2013

La rebelión de los tordos



Llegaron los tordos a primera hora de la tarde. Bajaron a esta parte del bosque en grupo, al unísono, porque a uno de ellos se le ocurrió la idea, y los demás lo siguieron. Es así de simple y así de complejo. Es un algoritmo y a la vez un comportamiento emergente, algo que no puede explicarse desde la singularidad. Básicamente cada pájaro hace lo mismo cuando se trata de imitar al de al lado: emular su velocidad, su dirección, su voluntad. Es decir, casi todos. En realidad lo que describen es una onda probabilística. Parece sencillo, pero el algoritmo está condicionado a que un individuo se salga de lo esperado, a que haya un accidente o una rebeldía. Lo que vemos es lo más probable, pero hay días en que hay varios grupos de tordos rodeando la laguna, y hay veces que tienden a agruparse para después desbandarse, descansar en más pequeños grupos en distintos árboles. Dos o más voluntades. Hoy los tordos están muy sincronizados. ¿Creará eso algún estímulo en su colectividad? ¿les hará más felices un buen vuelo? Hay varias teorías sobre como sucede este fenómeno. No hay una  predeterminación, ni parece la ruta más directa para llegar a algún sitio, los pájaros sólo se comunican con los que tienen a su lado; es decir se observan y sus voluntades se mimetizan. Un impulso creativo puede ser el resultado de esquivar un ala o una distracción; el cansancio o aburrimiento de algún tordo, lo que desencadena el movimiento en cascada. O quizá es un tipo de dramatización colectiva, una especie de democracia browniana. Van a algún lado, a un árbol por ejemplo, pero otros se siguen de largo y forman un nuevo grupo. Etcétera. Lo que no sabremos nunca es lo que experimenta un tordo. Hablemos de la voluntad individual, de la fenomenología de la voluntad, ya que desde el punto de vista neurológico/fisiológico seguimos sin pistas. El libre albedrío, la mera voluntad más allá del mandato genético, se manifiesta en el vuelo de los tordos, karma y caos, accidente y patrón. Un individuo y su voluntad no configuran el genoma de su especie. ¿O quizá sí?