jueves, 23 de agosto de 2012

Sobre la depresión en Marte


Los reportes sobre la depresión en las colonias de Marte seguían alarmando al Consejo de Salud. Debido a complicaciones logísticas, cada colono con depresión costaba mucho más de lo que se esperaba como beneficio e implicaba una serie de dificultades indecibles. Resultaba inaceptable porque el proceso de selección había sido muy cuidadoso. Se evitó a toda costa que se repitieran  las experiencias históricas de las colonias en América y Australia; ya se sabe, son lugares comunes la degradación espiritual en tiempos de la colonia, la fascinación y sincretismo con lo exótico. Los colonos fueron seleccionados mediante un proceso muy riguroso, nadie con antecedentes de depresión, ni siquiera en su ascendente familiar, podía ser considerado. Se seleccionaron personas emprendedoras que había demostrado tener un espíritu aventurero, gente que se ufanaba de su falta de vínculos emocionales: auténticos exploradores; coeficientes intelectuales y emocionales elevados, ambiciosos pero compasivos y con altos niveles de empatía. Este último punto marginó a los autistas, que lograban superar fácilmente en las otras áreas a sus competidores. Los autistas finalmente fueron incluidos, y ahora mismo es gracias a ellos que se mantiene viva la misión, y son ellos y ellas el espíritu de la colonia - lo cual dice mucho del proyecto. La cosa es que los colonos empezaron a deprimirse, fue como una epidemia. Empezaron a reportar primero fatiga y después  una leve melancolía. Se les veía contemplativos al principio y después algunos manifestaron sentirse infelices por primera vez en sus vidas. Los reportes hablaban de prácticas como las siguientes: un grupo de astrónomos creó un sistema para que los cielos marcianos fueran cubiertos mediante partículas  (nanopixeles voladores) y sobre éstos proyectaban una réplica de las constelaciones que se ven desde la Tierra. 
La verdad es que la desolación marciana empezaba a hacer mella en la colonia que de avanzada había ido a crear las condiciones básicas al planeta vecino. No está de más recordar que se fabricó un domo que no solamente recreaba las condiciones atmosféricas de la Tierra sino que también simulaba la biósfera. Ni siquiera eso sirvió. Y hubo que tomar medidas. Lo primero fue llevar una bitácora de la depresión. Los medicamentos no estaban ayudando y se temía una ola de suicidios, lo que obviamente hubiese enterrado para siempre la gran aventura.
El asunto preocupaba a muchos. Estaba la cuestión del fracaso de los medicamentos antidepresivos (fabricados por uno de los principales patrocinadores del proyecto), dudas sobre la dieta, sobre los estímulos ofrecidos a los colonos.
Resultó lo más fácil imputar fallas en los diagnósticos psicológicos. Pero lo que realmente dio la puntilla fue la comprobación incuestionable de que los terrícolas se deprimen lejos de la Tierra. Para esto fue que me buscaron. En realidad en un principio me llamaron para pedirme una consultoría en el desarrollo de un antidepresivo especial, pero cuando recibí el reporte preliminar supe de qué se trataba el asunto. El siguiente texto es un fragmento del reporte.
"Estamos convencidos de que las memorias terrícolas son un factor fundamental en el desarrollo de la depresión de los colonos. No descartamos, por razones puramente estratégicas, la supresión temporal de dichas memorias en los expedicionarios que muestren síntomas de nostalgia (estamos llegando a un alarmante 60% de la población total). Somos conscientes de sus investigaciones en el tema de la memoria selectiva en  primates, y pensamos que juntos podríamos idear alguna solución." En la carta anexa al reporte se decía que mi discreción sería "generosamente apreciada".
En uno de los pabellones de recuperación se encontró la siguiente nota garabateada en la pared: El único pecado mortal es el suicidio.

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