jueves, 7 de mayo de 2009

Incertidumbre (1989)

No sé si se pueda aclarar semejante confusión; tal vez no. Sin embargo me limitaré a narrar lo que sucedió. Y es que el polvo se levantaba furioso a causa del viento y yo llevaba varios días caminando sin rumbo fijo, quizá en círculos o en una línea recta. Tal vez fue por esto que no distinguía claramente los ademanes de las personas que a lo lejos vislumbraba. Por otra parte nunca pude estar seguro si era una sola persona o eran varias.
De cualquier manera me quedé parado donde estaba por si acaso venían caminando hacía mí, pero esto no me atrevería a afirmarlo ya que pudiera ser que estivieran haciendo lo contrario, es decir, huyendo de mí, lo cual era perfectamente comprensible debido a mi lamentable estado: con mis ropas desgarradas, todo cubierto de polvo y con la mirada opaca y desesperanzada. Por todo esto aún me queda la duda: si unas voces amigables me consolaron y formularon preguntas en un tono suave, no lo podría decir con certeza, ya que su aliento pudo haberme golpeado el rostro inquiriendo algo incomprensible, y una masa de miembros humanos quizá me arremetió violentamente con el fin de obtener respuestas.
Ante el destino incierto preferí seguir esperando y no ceder al impulso de mis rodillas tembolorosas de desplomarme sobre la tierra quemante (cubierta de hielo o ardiente bajo el despiadado sol). Permanecí entonces de pie, esperando comprender de una vez, si las miradas cálidas que me rodeaban me acogerían, me alimentarían y me cubrirían con sus párpados tibios, o si sus risas desvergonzadas me encajarían entre las costillas el puñal que escondían bajo sus lenguas secas.